Asterisco es un grupo de estudiantes de la Facultad de Letras Españolas de la Universidad Veracruzana que crean el blog Literatura en Asterisco con la finalidad de difundir poemas, libros electrónicos y ensayos que abordan la literatura hispanoamericana.

jueves, 18 de junio de 2009

La narrativa regionalista

Después de un siglo de independencia, se afirma que América continuó su lucha -hay quienes aseveran que todavía- hacia la independencia intelectual, en busca de un “americanismo literario”. A pesar de que en los años 30 del siglo XX, el crítico peruano Luis Alberto Sánchez asegurara aquello de “América: novela sin novelistas”, la narrativa surgida entre 1924 y 1930 indica, según José Luis Martínez, un primer apogeo de la literatura americana, secundado sólo por el famoso boom posterior a 1960.
La también llamada novela de la tierra tiene sus primeros esbozos en los cuentos de Horacio Quiroga y se inaugura con Los de abajo (1916) de Mariano Azuela, constituye la clara búsqueda de nuestra expresión, la primera imagen auténtica de América, fuera de la exaltación del paisaje y sus arquetipos, es una novela vigorosa, original, de hábiles recursos estilísticos y estéticos.
Resulta importante observar tres obras capitales en la configuración de la novela moderna hispanoamericana: La vorágine (1924) de José Eustasio Rivera, Don Segundo Sombra (1926) de Ricardo Güiraldes y Doña Bárbara (1929) de Rómulo Gallegos; obras en las cuales confluyen cierta visión romántica y la presencia de rasgos realistas y naturalistas. En la novela regionalista se trabaja el paisaje como un personaje más, el indigenismo es aparentemente reivindicado, persiste una fuerte lucha entre civilización y barbarie, con destreza los autores ofrecen una profunda psicología de los elementos; en consecuencia, la estructuración de los símbolos propios de América. Estos textos recalcan la importancia del territorio y las tradiciones perdidas por la industrialización del lugar. Don segundo sombra es un ejemplo claro de esto y marca la importancia de la nación argentina. El gaucho es representado por Don Segundo Sombra, gaucho que habita dentro del autor. De ese modo, Güiraldes mismo se proyecta como representante de todos los argentinos, aquellos que tienen la tradición ganadera y poco a poco son relegados por la industrialización.
América Latina busca la identidad cultural. La literatura muestra una búsqueda, intenta encontrar en la misma tierra, escenario de la tensión entre la influencia europea y las culturas locales, las raíces primordiales. Encontrar la exaltación a lo nacional atreves de la creación de una identidad nacional.
“Yo-huérfano” es un tópico más del nacionalismo en su forma decadente. Como “guacho”, el protagonista participa de una búsqueda genealógica del padre, porque buscar a un padre es crearse una patria. Pero, aquí sucede como en la búsqueda de la esencia o identidad nacional: no hay un descubrimiento final ni un resultado alcanzado, sino que el proceso de búsqueda es, en sí, la Patria”
Doña barbará nos muestra un personaje que meramente creación de las acciones sociales, de un individuo lleno de perversiones y soledad, que utiliza a los demás para su beneficio. Todo esto también es gracias a la pérdida de un elemento familiar, creando un desencanto lo cual se comprara con Don Segundo Sombra, lo que la lleva a buscar la figura familiar, la idea de la identidad nacional.
La vorágine pareciera alejarse de esta idea al contar una historia de pasión, pero en una lectura más afondo podemos encontrar en su trama las duras condiciones de vida de los indígenas de la Amazonia esclavizados por los caucheros. Lo cual nos lleva a la defensa de la tierra y al mismo tiempo un análisis del capitalismo que se avecina y trata de crear una defensa nacionalista contra el poderoso, contra la clase privilegiada.
Dentro de la literatura regionalista el uso del lenguaje es muy importante. El lenguaje y su forma de aplicarlo varían en relación al personaje que lo emplea, y de la clase social a la que pertenece; esto y el uso de un vocabulario propio de la región da una sensación de verosimilitud dentro de la obra.
En La Vorágine se nota una marcada diferencia en la forma de hablar de cada personaje y con esto también de su personalidad: Arturo Cova, por ejemplo es un poeta, una persona irascible, lírico y un tanto desequilibrado, alguien que se deja llevar por sus pasiones e impulsos y eso se ve reflejado claramente en su forma de expresarse y narrar la historia.
Por su parte en Don segundo sombra vemos un marcado uso del vocabulario además de cambios en la fonología, morfología y gramática que ayudan al autor a imitar el lenguaje gauchesco.
Los diálogos en las obras están llenos de regionalismos y de palabras referentes a la temática del campo que, con frecuencia hace necesaria la existencia de un glosario para ayudar a la comprensión íntegra de la obra.
El lenguaje le da al pueblo una sensación de identidad nacional, esto provoca que en la literatura regionalista el lector tenga una impresión de identificación y acercamiento con el texto.
El escenario por donde correrán las historias siempre va a ser la naturaleza: exaltada, respetada y temida. Un horizonte infinito calcado en las descripciones minuciosas de los paisajes que nos hacen volar a aquellos lugares apartados y misteriosos. Sólo el gaucho, el llanero, el cauchero y los nativos pueden entender los secretos que guarda esta brutal naturaleza en sus espacios más recónditos. En torno a toda esta naturaleza viva circundan historias irracionales, supersticiones, bestias salvajes y todo un conjunto de elementos seductores al ojo de quien desconoce la realidad de este mundo, capaz de devorar al hombre, tragarlo y no dejar rastro.
La tierra salvaje y abundante concede una inexplicable libertad, tan libre que asusta, las distancias parecen alargarse. Caminar y caminar por veredas trazadas por animales o, en la mayoría de los casos, haciendo las propias, sin saber si se adueñan de ese mundo natural que los envuelve o se integran a él.
Tanto Rómulo Gallegos como José Eustasio Rivera y Ricardo Güiraldes concentran mayor atención en su personaje principal: la naturaleza; sus personajes son expectantes y participantes de la mitificación, del enloquecedor sentimiento de soledad. Sólo se es naturaleza y hombre, habitando en un lugar sin reglas, sin instructivos y todo esto conforma a la narrativa regionalista.






Bibliografía

· Díaz, Nilda, “Don Segundo Sombra: pampa y camino” en Don Segundo Sombra. Edición crítica, Verdevoye, Paul (coord.) México: Secretaría de Educación Pública, 1988.
· Henríquez Ureña, Pedro Las corrientes literarias en la América Hispánica, México: FCE, 1978
· Martínez, José Luis “Unidad y diversidad” en América Latina en su Literatura, Fernández Moreno, César (coord.) México: Siglo XXI, 1996


· Meggle, Marrtin. “El ocaso en los trópicos” en Humboldt, Alemania, Goethe-Institut, año 50, núm. 148, pp 4-7, 2008

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